El abuelo contaba que la compró con el primer jornal. La prenda vio nieve primaveral, granizo lateral y hasta un rescate improvisado. Cada parche tiene fecha y nombre. Al probármela, escuché el crujido de la lana compacta y supe que debía añadir mi propio capítulo, no con compra, sino con cuidado.
La lona encerada parecía fatigada, pero un trato de cera tibia y costuras repasadas devolvieron rigidez justa y confianza. Caminó entre alerces, durmió sobre piedras, soportó aristas afiladas. Cuando el cierre falló, improvisamos con cordino y dos presillas. Aprendimos que lo esencial es saber escuchar materiales y responder sin prisas.